Equilibrium

Año: 2025
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 90×80 cm

10:00 AM

Sonó el teléfono.

Subió la pierna izquierda para aguantar una de las bolsas con su rodilla. Cogió el móvil del bolso y se lo puso en la oreja. Torció el cuello e hizo palanca entre la mejilla y el hombro para mantenerlo sujeto. En esa precaria posición y cargada de bolsas de la compra, escuchaba a su interlocutor al otro lado de la línea, mientras intentaba sacar las llaves del bolso para abrir la puerta del zaguán. Intento fallido. Las llaves cayeron al suelo junto con cinco de los seis huevos que acababa de comprar. Lanzó un improperio. Recogió las llaves. Entró y subió a su casa. La llamada era del banco, querían venderle un plan de pensiones. Los mandó a la mierda y colgó.

Bajó a la calle con cubo y fregona a limpiar del zaguán los restos de huevo. Por la avenida venía su vecina «la víbora» del cuarto C. No quería cruzarse con ella. Cogió el cubo y la fregona y subió corriendo a su casa. Ya lo limpiaría luego. Guardó la comida en la nevera. Abrió el portátil y comenzó a redactar el informe.

El teléfono sonó. Era su madre. Su padre se había caído y no podía levantarse. Bajó a la calle. Se cruzó con la víbora. Pasó a su lado sin mirarla ni hacer caso a lo que le decía. Cruzó la calle y enfiló a casa de sus padres. El telefonillo estaba estropeado. Llamó a su madre, no lo cogía. Rebuscó en el bolso. Suerte. Encontró una copia de las llaves. Cuatro pisos sin ascensor. Con un bufido abrió la puerta. Su padre la recibió. De pie. ¿Has visto? Parece un milagro, hace un momento estaba en el suelo sin poder moverse y ahora tu padre está estupendo. Besó a sus padres y se fue. Llegó a su casa. Se dejó caer en el sofá. Muerta. Sonó el teléfono. No lo cogió.

Mierda, los huevos. Volvió al supermercado, compró los huevos y regresó con prisa. Terminó el informe y lo envió. Empezó a batir los huevos. El timbre de la puerta sonó. El teléfono también. Ignoró el teléfono y abrió. La víbora. ¿Has visto el desastre que hay en el zaguán? Está todo manchado de huevo. Has sido tú, ¿verdad? Te he visto. Suspiró. Disculpa vaga y promesa de enmienda. Estoy cocinando una tortilla para mi hijo, luego bajo y lo limpio. Cerró la puerta. Terminó la tortilla. Bajó al zaguán con cubo y fregona. La víbora la miraba con aires de superioridad.

El teléfono sonó de nuevo. Furia. Cogió el teléfono y lo lanzó al aire con todas sus fuerzas. Mala suerte. El teléfono alcanzó a la víbora. Diez puntos de sutura y conmoción cerebral.

En el coche patrulla, rumbo a la comisaría, vio un whatsapp de su hijo. No me hagas la tortilla, comeré con los amigos. Y estate atenta al teléfono, que te he llamado varias veces y no contestas.

 

VENDIDO 🙂

 


 

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