Caballero, su comportamiento es totalmente inexcusable. He tenido que soportar que entrara en mi casa y que, con todo el descaro del mundo, sedujera a mi mujer y le hiciera el amor violenta y apasionadamente delante de mis narices. Y he aguantado estoicamente, observando sus furiosos embates contra mi esposa, sólo por mi respeto a las buenas formas y mi enemistad con la violencia. Pero lo que no le consiento, y lamento subir el tono de voz, pero es que me enerva su actitud. Como decía, no le pienso consentir que, después de haberse satisfecho dentro de mi amada; se vista como si aquí nada hubiera pasado e intente salir de mi casa, sin ni siquiera darle un beso de despedida, como es de rigor.